
Hay quienes pretenden volar. Otros, flotar.
Los hay que intentan con alas de plumas y colbón. Otros aligerando las cargas del corazón. Algunos intentan con globos, otros con humaredas de hierbas milenarias.
Volar siempre ha sido visto como una anomalía; una enfermedad, como la esquizofrenia.
Que delire feliz entonces la estirpe genéticamente alterada de los voladores.
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