Hay momentos en la vida en que las personas prefieren no preguntarse nada y pasar el día a día en manos de lo azaroso. Levantarse, respirar, bañarse, vestirse, ir a ganarse la platica o los méritos académicos del día haciendo lo que sea que hayan elegido por actividad, luego hacer cosas por placer, gusto o necesidad para satisfacer los deseos personales (acá cabe de todo: desde leer, pasear, ir a cine, escribir en blogs, acostarse con alguien, hasta emborracharse -todo un ejercicio hedonista de procastinación-).
Hay otros momentos en los que a la gente la agarra una especie de conciencia crítica de sí mismos y entonces aparecen las preguntas. Qué quiero? Qué estoy haciendo?, Para dónde voy en la vida?. Y ahí empieza todo el trabajo reflexivo. Muchos lo dejan sólo en la pregunta. Hay quienes ahondan un poquito en la duda y la incertidumbre. La mayoría genera como reacción a esto, el impulso a la planificación. El deseo de tomar decisiones radicales acerca de qué hacer con la vida. Y empiezan a hacer proyectos, pensar alternativas, poner en palabras contantes y sonantes sus más profundos deseos. Y esto sucede mientras ven el valor de realizar, para reafirmarse, toda suerte de actividades para satisfacer deseos personales (leer, pasear, ir a cine, escribir en blogs, acostarse con alguien o emborracharse; todo un ejercicio hedonista de procastinación).
Algunos alcanzan a tomar decisiones. De palabras a actos. Cambian de trabajo, terminan relaciones, inician o reinician relaciones, se van a vivir a otro lado, se meten a estudiar algo. De imaginar, a hacer reales ciertas cosas. Y entonces aparece una sensación como de tranquilidad. Como de satisfacción. Como de sentir que se están tomando las riendas de la propia vida. Y esa sensacioncita medio eufórica de “saberse capaz” de hacer las cosas que uno quiere para uno mismo, impulsa a hacer las cosas que más pueden gustar y con las que mejor puede procastinar: leer, pasear, ir a cine, escribir en blogs, acostarse con alguien o emborracharse.
Yo ya estuve procastinando de lo lindo. En qué andarán los demás?
2 comentarios:
Procrastinando leí esta frase en Twitter:
«La acción definitivamente purifica y salva» (@tdiazsalamanca)
Si Ángela, se necesita acción, no sólo quedarse uno pensando pendejadas, que a veces resultan muy productivas y otras no tanto. Pero lo contrario también es importante: mucha acción sin guía de la razón también termina llevándolo a uno a unas cosas que mh!. Hay gente que dice que sabe de eso, y que afirma que hay alguna parte en la mente/cerebro que mantiene la balanza equilibrada entre la razón y la acción. Voy a hacer una "revisión transversal" como las que le gustan a Juandaví, para ver si encuentro dónde esta esa vaina, porque me gustaría mucho montarme en esa balanza.
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