Juro que hoy, cuando iba en un carro por una carretera maltrecha y polvorienta, rumbo a la vida de siempre en Medellín, me vi a mí misma montada en otro carro, con dirección opuesta y una cara que no admitía duda. En estos momentos debe haber una Olga, que decidió quedarse, viviendo en esa finca.
3 comentarios:
qué nota de entrada
Este sí es tremendo microrrelato!
Se me pararon todos los pelitos...
Publicar un comentario