Mi idea de la vida

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viernes, 5 de noviembre de 2010

Rituales

Hace un par de fines de semana estuvo acá en la casa una de las mejores amigas de uno de mis mejores amigos. Estábamos reunidos Juan, Alejo, Carolina y yo. Y terminamos hablando de los pensamientos obsesivos y los rituales compulsivos de cada uno.

Yo recordé que cuando estaba chiquita no toleraba pisar la raya de las baldosas (eso me ponía super ansiosa e incluso me sudaban las manos por eso). Y que cuando estaba en primaria me regañaban por escribir muy lento, pero lo que la profesora no sabía era que yo para escribir cada letra tenía que “dibujarla” primero de forma imaginaria con la nalga, sobre la silla. Ahora que lo pienso me debía ver ridícula y muy extraña haciendo unos movimientos sutiles en el puesto. Seguro seguro que la profesora debió pensar en algún momento que me estaba masturbando contra  la silla.O bueno, a lo mejor ni se dio cuenta pues eso nunca fue motivo de queja ni regaño en el salón o a mis papás (y afortunadamente ningún compañerito se dio cuenta pues nadie se burló nunca de eso, con lo crueles que son los niños!)…jajajajajaja.  (Menos mal que ese ritual se me quitó muy rápido. Si no,  sería hoy en día sumamente vergonzoso).

Para mí es de mal agüero y causal de ansiedad que el baño esté sucio. El piso que no está brillante, pelos en el piso después de peinarme, el lavamanos con señas de gotas de agua o jabón. El inodoro que aunque se vea limpio, yo sé que lleva más de dos días sin lavarse. Un amigo (Alejo) dijo de la manera más obvia, que los rituales eran para prevención. Dah!, claro!....mi ritual de mantener la casa arreglada tiene todo el sentido de prevención para mí. El asunto es que hay días que no tengo tiempo, ó me da la regalada gana de tentar a mi mente y deliberadamente, aunque me muera de ganas, decido no lavar de manera compulsiva el baño (creo que de no ser así, me levantaría todos los días a las 4 am para lavarlo).

Otra cosa es que yo me doy un buen rato en las mañanas para decidir si dejar las ventanas abiertas o no. Vivo en un tercer piso. Antes  vivía en un segundo piso. Aunque no es imposible, es poco probable que se me metan los ladrones por la ventana o por el balcón. Pero igual todas las mañanas y siempre que voy a salir de la casa, me debato un par de minutos, desde que me estoy terminando de arreglar en el baño, pensando si voy a dejar abierto o cerrado el ventanal del balcón. La ventana de la sala es innegociable: esa hay que cerrarla porque si no, de pronto llueve y se me moja la mesa donde tengo las fotos. Pero el balcón es mi punto de juego con la probabilidad: no va a pasar nada pero me gusta tomar le decisión de dejarla abierta para preocuparme un par de veces mientras estoy fuera.

Dentro de los rituales de contacto de las cosas, una regla para mí es que los cepillos de dientes no deben tocarse. Por eso ando esperando a que una amiga que me prometió un regalo me de uno de esos vasitos para poner los cepillos, pero que sea bonito, porque hay unos muy feos.

La tapa de la basurera debe estar cerrada porque si queda abierta, empiezo a pensar que por ahí se van a escapar los gérmenes y me imagino todo el apartamento lleno de bacterias microscópicas, así que me voy por toda la casa echando un spray. Lo más charro es que yo soy una completa güeva pues el spray no es desinfectante, sino de esos de puro olorcito rico. Así que es un contentillo bobo que le doy a mi manía. A veces del afán, veo que la tapa queda subida y por tanto abierta, pero entonces me decido a hacerme la boba y la dejo así, pero a la mañana siguiente lo primero que hago es bajarla.

Dormir en calzones o sin ropa, es otra decisión que tomo para tener de qué preocuparme por pendejadas.  Pienso que fijo ese día me enfermo y me va a tocar pedir ayuda y entonces andar uno medio empelota sería un poquito bochornoso.  A veces también pienso en un incendio. Igual pienso si me accidentara en la calle y entonces en urgencias me quitaran la ropa. Y entonces lo que hago para compensar ese pensamiento obsesivo es que me compro ropa interior cada vez que pueda y voy botando la que tenga algún desperfecto. Que tal que me accidente y me vean así. O con las medias rotas! No!!!!

Las puertas de las alacenas y los clósets deben estar cerrradas porque si están abiertas por ahí se van a caer las cosas. Por ejemplo con los gabinetes del baño pienso que si están abiertos, las cosas se van a caer al inodoro y eso lo obstruiría y me obligaría a traer un plomero que va a terminar haciendo lo que hizo el primero que vino a este apartamento y que fue poner las herramientas cochinas en la taza. Y me va a tocar echarle cloro o agua caliente por lo menos.

Lo más charro es que los rituales de limpieza y orden son sólo para ciertas cosas. Hay otras que seguro a la gente le parecen cochinas, pero yo las hago. Cada quien con su rayón.

6 comentarios:

LaCaballero dijo...

Olga, qué risa eso de escribir con el culo en la silla, jaajajajaja, no sé cómo sorteaste esa etapa sin que nadie lo notara, ¡cómo son de montadores los niños!

Me revisé leyendo este post y yo tengo varias obsesiones. Lo normal es que yo fume socialmente, en fiestas o salidas cerveceras, o caminando antes de buscar transporte; pero siento fastidio por el olor a cusca en mis manos, si estás conmigo en una fiesta me verás entrar y salir del baño como una güeva, póngale cada dos cigarrillos me lavo las manos con HARTO jabón, es impresionante, y cargo mi esencia de canela para después del lavado, es una tremenda güevonada porque en la ropa queda el 'aroma', en el pelo, en todo...

También me gusta 'arreglar cocina', es una pequeña obsesión, que todo brille, quitar la grasa, secar todo, guardar en los cajones, organizar, eso me gusta hacerlo, recuerdo que alguna vez compartí casa con una nena que no cerraba un sólo frasco, ni la crema dental, ni cerraba lso cajones, ni las puertas, ni el tarro de la sal (que obviamente se me regó varias veces) causal de divorcio maluco, pero MALUCO... y ver el baño limpio también, pero el aseo en el baño, BÓRRENME, no me agrada ni cinco.

En fin, así somos, eso es lo que hay, igual me parece que las chicas de estas zonas tropicales tenemos esas tendiencias bien marcadas, es una herencia materna muy hijueputa, tenemos que hacer esos ejercicios de resistencia, de rebeldía contra nuestras pequeñas obsesiones, que -también te digo-, me parece se agudizan cuando una vive sola.

Un abrazo, comienzo a comentarles a la barra que conocí en el bar, bacano lo que escriben todos.

Alexander Tamayo dijo...

Regálame tu correo.

Un saludito

Olguet dijo...

Diana, es una nota que empecés a hacer comentarios. Así es que nos podemos mantener conectados virtualmente hasta que en el mundo real nos volvamos a encontrar. Aunque supongo que si bajo al guanábano, no será difícil coincidir con vos algún día.

Eso de los rituales sí es una cosa loca.
No había leído tu comentario y por eso es que sólo ahora entiendo, el por qué de tu inquietud anoche en La Salda porque no había jabón en el baño. Muy útiles fueron entonces los pañitos húmedos de Margarita supongo!....
Un abrazo!

Juan Vásquez dijo...

Olga, tus obsesiones son truquitos de sana convivencia con el mundo, extraños son los de Alejo y Carolina, de esos librame dios mio 1, 2, 3, librame dios mios 1, 2, 3, librame dios mio 1, 2, 3.

Olguet dijo...

Juan, Show me the blueprints, Show me the blueprints, Show me the blueprints, Show me the blueprints, Show me the blueprints, Show me the blueprints, Show me the blueprints, Show me the blueprints, Show me the blueprints...

maggie mae dijo...

a mí me gusta todo limpio pero no me esfuerzo mucho, esta no es mi casa, es la casa de mamá, entonces me hago la boba con casi todo. Cuando no vivía aquí era horrible y me topé con una empleada que era obsesiva, yo compraba cepillitos para lavar los baños y eso y esta mujer en una semana los tenía abiertos de tanto darle a las baldosas y al límpido que me tocó eliminar de la canasta familiar.
Hay una cosa que me pone mal y es que la crema dental, o el rinse o el champú o la crema tenga pegotico en la tapa. Incluso si es de otra gente tengo que limpiarlo. Una vez pillé una empleada que me usaba la crema porque me dejó pegote ahí.