Ya era de noche. Encendió un cigarrillo y miró descuidada, a través de la ventana. Las luces de la calle se encendieron y mientras tanto, él se preparaba para irse. Los puntos de color en movimiento surcaban la calle, dando a entender con su velocidad cuándo eran gente y cuándo automóviles. Miró en silencio hacia la cama y lo vio amarrarse los zapatos. Hacía tiempo que las rutinas entre ambos habían excluido las palabras, más no el entendimiento mutuo de sus estados internos, así que ninguno dijo nada cuando salieron juntos del lugar. Al cruzarse con los rostros desconocidos, ella se preguntó cuál de todas las que traía disponibles servía para ese momento. La elección fue acertada pues una mujer sentada en la puerta de una casa, le devolvió una sonrisa breve.
Cuando llegaron al parque ella hizo una última sugerencia para tomar algo. Él se sentó en una de las mesas de afuera del bar. Ella miró al piso, y comenzó a caminar lento mientras decidía cuál de todas usaría allí. Eligió la más simple, la que no da lugar a dudas y entró en el bar para pedir dos cervezas. El de la barra devolvió el gesto sin musitar palabra. Cuando salió de allí confirmó que todos aquella noche también estaban usando máscaras.
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