Vestirse y peinarse no tienen complicaciones; una cola de caballo para cualquier camisa.
Hacerse un chocolate con pan para el desayuno. Nunca podré tolerar atravesar la puerta sin nada en el estómago.
Cuando todo está hecho y comido, terminar de empacar la ropa y llamar un taxi.
El recorrido conocido me lleva por la autopista hasta la 10 y de ahí, al aeropuerto. Los mismos pesos de siempre por la carrera.
Check in, cédula en mano, pasabordo. Un tinto y un cigarrilllo. Entrar al baño, recorrer mentalmente la lista de pendientes. Media hora de espera en la sala. "Pasajeros del vuelo 79XX con destino XXXX, favor abordar el HKXXXX ubicado en la primera posición de la plataforma".
Montarse en el avión, elegir como siempre una de las sillas de la fila de la izquierda para no correr el riesgo de que otro se duerma y se me recueste o sea yo la que caiga vencida por el sueño y termine cachete con pechito sobre el vecino de asiento. Apagar celulares, sacar el reproductor y oír música; ajustar cinturón y subir la pierna izquierda sobre el bisel para quedar más cómoda.
"Señores pasajeros les habla Fulano de Tal desde la cabina de mando". Las mismas instrucciones de siempre; las pruebas de rigor para los motores por ser el primer vuelo del día. Media vuelta en la pista y listo! de frente contra el norte del Valle de Aburrá.
Cuarenta minutos de pensamientos oscilantes. Dejarse pre-ocupar por el trabajo y la vida. Recorrer mentalmente los eventos cotidianos: los amigos, el trabajo y el futuro. Aterrizar, saludar al conductor del taxi, entregar tiquete para reclamar la maleta; prender los celulares y nuevamente ponerse los audífonos para hacer el camino hasta la Universidad.
Descargar.
Saludar efusivamente a raimundo y todo el mundo. Buscar con la mirada y las ganas de que el día pase rápido a los estudiantes.
Sacar de lugares de donde pensaba no había nada escondido, la experiencia requerida. Trabajar convencida de un objetivo cuestionable.
Revisar twitter, correo y facebook. No sorprenderse con el hecho de que no haya nada novedoso.
Y de pronto...mirarse en un espejo.
Un grito se reprime muy adentro en la garganta. Este día se ha repetido tantas veces que ya no reconozco a ésta que me mira ensimismada. El déjà-vu de mi vida no ha sido capaz de detener la fuga de miles de minutos que se han marchado indolentes atravesando el espejo.
2 comentarios:
Boba, me hiciste lagrimear, qué pedazo tan hermoso. No puedo expresar cuánto me toca.
Diana, yo creo que a todos en algún momento "nos toca" vernos en el espejo. Yo por mi parte, confirmo mi rechazo a comprar un espejo de cuerpo entero.
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