Los fantasmas son por naturaleza etéreos, aparecen sin aviso y remueven asuntos del pasado. No en vano en las historias de fantasmas siempre hay una alusión a un viejo problema que debe ser resuelto antes que el fantasma pueda descansar en paz.
En semana santa a mí usualmente se me aparecen los fantasmas, pero siempre me llenan de miedo por lo que me les escondía, con lo que sólo aportaban estrés y frustración, además de la amenaza de permanencia por no haber podido poner punto final a los asuntos pendientes.
Esta semana santa decidí hacer algo diferente. Y tratando de hacer exactamente lo contrario a Ebenezer Scrooge, abrí bien los ojos y cuando tocaron a la puerta los dejé entrar, para que no tuvieran que recurrir a meterse por escollos abiertos (todo un acto de cortesía de mi parte).
El primer fantasma apareció para mostrar imágenes de lugares recorridos en el pasado y pedir señales de navegación para el futuro. A ese le entregué un manual para que conozca nuevas tierras, mientras nos tomábamos un tinto.
El segundo fantasma apareció silencioso. No dijo mucho. Tocó el hombro para hacerse ver y esperar alguna reacción de mi parte. Lo abracé y se sintió tan livianito como se veía. Le soplé un par de ideas bonitas del pasado y se alejó sonriente tras esa corriente de aire cálido que dan las despedidas tranquilas.
El tercero apareció como es usual a la medianoche. Entró oscuro y haciendo lo que mejor sabe hacer que es tratar de intimidar con su tamaño, fuerza y total aversión a aclarar cosas o prender luces que señalen el camino. A ese le prendí todas las luces de la casa, incluida la del baño, lo miré de frente y entonces lo vi en sus reales dimensiones, se volvió de tamaño normal y la luz le iluminó caras que antes no había visto. Con ese tomé un par de cervezas y, aprovechando mi recién adquirida habilidad para bailar sin que me de pena, bailé un par de canciones de salsa y bolero para que cogiera un ritmo gozoso que finalmente me permitiera mostrarle el camino hacia la luz de salida.
No sé cuántos más aparezcan; lo único que sé es que ser vistos es la ambición de los fantasmas. No temerles y finiquitar pendientes para no verlos más, es la mía. Todos saben que no existen los fantasmas.

1 comentario:
Publicar un comentario