Mi idea de la vida

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miércoles, 19 de octubre de 2011

La casa de los Cuadros.


La casa de los Cuadros es mi casa. Somos Cuadros y somos Jiménez. En la casa de los Cuadros-Jiménez el mundo está dividido por una línea tan poco imaginaria que se percibe a simple vista cuando uno entra a la casa. 

Y aunque esta línea dicotómica y enfáticamente divisoria es real desde hace un par de años, ha sido muy simbólica desde el día en que Cuadros y Jiménez se dieron el sí en una notaría por allá en 1976. 

Yo no me explico cómo, por qué o para qué se casaron mis papás. Son el agua y el aceite. Es algorítmica la forma en que perciben el mundo siempre de forma opuesta. 

Eso se ha hecho notorio en todo, pero más en relación con los viajes y las mascotas. Mi papá ama el campo, los animales y la naturaleza. Mi mamá odia el campo que no tenga disponibilidad de recursos propios de la civilización, le fastidian profundamente los animales (o cualquier ser viviente que no sea uno de sus hijos, -a duras penas nos tolera -) y no es particularmente amante de la naturaleza. Ella de mil amores prefiere un centro comercial a una finca. 

Hace años mi hermana decidió que quería tener un gato. Y ella, que es diez años más joven que yo, pero diez veces más irreverente, logró la misión hasta entonces imposible de meter una mascota en la casa. 
Y así llegó el primer gato. Luego fueron llegando otros; algunos por azar, otros por contrabando y otros por pura y simple tenacidad de sus ganas de cariño, comida y techo tibio. 

Con eso, ya son tres. Iban a ser seis pero las crías de la última en llegar se le murieron en la panza a causa de una infección. Luego se presentó la posibilidad de que fueran ocho, pero la ausencia mediadora en la casa, de ésta que escribe, anuló el voto a favor de dejar entrar a una gata que había tenido como cría a una panterita negra como el carbón, que luego tuvo tres cachorritos igualmente tiznados. Y que se quedaron viviendo afuera en el jardín un muy buen tiempo hasta que el destino ( y la mano de mi madre y abuela) les "ofreció" otro espacio para vivir. 

El asunto es que la casa de mis papás es una casa de gatos. Es más de ellos que de mi  papá y mi mamá, que en medio de su disputa personal, terminaron con una intención implícita de dejar la casa en las manos de la nada y de nadie. 

Para el recuento entonces tenemos una gata con retardo mental, una ex-callejera y uno sobre protegido. Harían falta muchos más, para reunir una compilación deliciosa de caracteres felinos. 

Imagino que al final de los días de la casa de los Cuadros, los gatos serán los dueños, como en el relato de "La casa tomada" de Cortázar. Para ello, prefiero pensar que sus nueve vidas se multiplicarán en años reales y ellos seguirán vivos mucho después de que los habitantes de la casa no estén. Así, Cindy convocará a sus antiguos amigos de barrio, Panterita y Tigresita volverán, trayendo consigo a nuevas gatas que traerán un ejército de crías. Bilbo se regodeará como un gato anciano a quien nada se le niega y todo se le permite por ser el único macho de la casa. Galatea dormirá sobre la cama de mi mamá, plácidamente arrunchada, haciendo caso omiso del fantasma de mi madre que la azuza para que se baje, de forma tan ineficaz como cuando estaba viva. 

Así las cosas, la historia será un déjà vu eterno, en el que el fantasma de mi papá irá por la casa dándoles comida a los gatos y engordando a unos y a otros. Y el fantasma de mi mamá morirá tantas veces como el fastidio por los animales tenga a bien su corazón, cuando el ejército de gatos se pasee por los rincones, rasque con las uñas sus preciadas colchas y vomite bolas de pelo sobre las fotos familiares.  

5 comentarios:

Susana dijo...

¿Cómo se nota que un gato tiene un retraso mental?

Olguet dijo...

Lalu, Galatea llegó a la casa porque literalmente cayó del cielo. No se supo si fueron humanos los que la tiraron por el muro o la mamá la tiró del techo. Pero tenía apenas un mes cuando cayó de una altura equivalente a un segundo piso y sobrevivió. Pero nunca ha sido una gata normal. No reacciona con la agilidad típicamente gatuna. No se adapta a los cambios. No comprende el entorno ni las reglas de la casa, ni de los otros gatos, lo que la lleva a pasearse chocando con unos y otros física y emocionalmente.
No ha podido aprenderse las rutas y recovecos de la casa y ya tiene más de 5 años. No come sola; hay que darle la comida, porque se distrae y se queda mirando el plato como si no comprendiera lo que hay ahí. Se asusta con todo y con todos y lo único que sabe hacer bien es pipí, popó y dormir. Tiene una mirada perdida, como de marihuanero en pleno viaje de contemplación estelar. Cuando quiere hacer algo, es como si la intención fuera por un lado, pero el cuerpo fuera por otro, lo que significa que es lenta y medio atolondrada. Eso sí! es hermosa y adorable, pero parece como si nunca aterrizara en ningún lado. Muy raro eso! es como si de su primera experiencia en los aterrizajes forzosos estando cachorra, hubiera salido la elección de vivir en las nubes.

Susana dijo...

Como que me enamoré de Galleta

Daniel Andrés dijo...

Qué buen comentario, Elena :)

Eso ha de explicar por qué yo también me la paso en las nubes... todo caído del zarzo :)

Olguet dijo...

Dani, eres como Galatea? yo no creo. Me cuesta imaginar que lo único que sabes hacer bien es pipí, popó y dormir. :P