Mi idea de la vida

Mi idea de la vida

viernes, 4 de noviembre de 2011

Dar cuerda.

Una de las cosas de las que mi papá ha estado muy consciente en los últimos meses es que no se está haciendo más joven y que eventualmente se va a morir.  Y anda preocupado por su salud, por cuidarse lo necesario y dejar todos sus asuntos en orden.
Él dice que en cualquier momento se le va a acabar la pita y es cierto; aunque está relativamente joven y es un hombre muy sano, uno nunca sabe en que momento se le acabe la cuerda al carretel. A mí no deja de entristecerme la idea de que uno de estos días mi papá se muera. Pero para afrontar ese hecho decidí que lo único que puedo hacer es tratar de unir su pita con la mía, de la mejor manera posible. Llevo sus genes, su sangre, incluso sus rasgos físicos además del legado de sus costumbres. Pero hay un algo que me falta y que sólo percibo cuando estoy muy cerca de él durante un tiempo. Es entender su posición y consciencia del mundo y eso cómo influye en  la mía. 

Esa posición tuvo que construirse de alguna forma y como bien he aprendido en las Ciencias Sociales, la historia demuestra cómo es el presente. Si uno no comprende lo que hubo antes, no entiende lo que hay ahora y mucho menos lo que pasará luego. Así que mi propósito ha sido empezar a cosecharle a mi papá las historias de su vida. Su infancia, su juventud y su vida adulta. Hay temas que conozco, otros que apenas intuyo y otros que estoy segura nunca sabré, pero igual el ejercicio de preguntarle por ciertas historias y darle cuerda para que hable, ha sido el mejor nudo con el que hayamos podido amarrarnos. 

Hoy me invitó a almorzar. Y hablamos de muchas cosas: unas importantes y otras, puras maricadas. Pero hoy supe una parte de su vida que conocía a medias. Hoy conocí a través de sus palabras a un hombre que fue activista político, que se metió en las más intrincadas discusiones sociales en la década del setenta, que conoció, habló y trabajó con los líderes de los más recordados sindicatos que le dieron curso a la orientación económica de esta ciudad y de los cuales hoy ya no queda ninguno vivo. 
Hoy conocí una parte de la vida de un hombre que eligió en su juventud y durante un buen tiempo, vivir en uno de los sectores de la ciudad de mayor movimiento, aún en contra de las indicaciones y recomendaciones de todo el mundo. Me contó de las casas del Chagualo; de la vida política del sector, de los encontrones entre los movimientos obreros y los partidos políticos, del estado de sitio semi-permanente que le tocó gracias al gobierno; de los desaparecidos, de SUS desaparecidos, de las putas, los bares, los estudiantes, la universidad pública, las familias antioqueñas, la transición económica y política de esta ciudad y su visión como un hombre que no siendo de acá, se quedó y vivió con ganas y mucha prudencia (no pasión, no alboroto absurdo como hacen algunos activistas) el cambio de un Medellín en el que decidió criar a sus hijos, mientras trataba de aportarle al mundo lo que él consideró necesario desde la academia y desde la ciencia. 

Eso no lo sabía de él. Hoy entendí por qué aunque no lo veía necesario, nunca contradijo mi decisión de vivir en el lugar en el que vivo y como vivo. Estoy repitiendo sin saberlo, una buena parte de la historia de mi papá. 

Ése es el nudo que ata mi pita con la de él, y así el día que se muera, seguirá rodando algo que siento mío. 

1 comentario:

Olguet dijo...

Eso es lo bueno de "conocer" a quienes le transmitieron sus genes y lo criaron a uno. Permite ver bien en qué puntos uno los repite a ellos y en qué puntos, afortunadamente, se diferencia.