Me gustó una que dice que ser un virtuoso es "saber remar contra la corriente". Dejarse llevar por la corriente es tomar la vía fácil. Y muchas veces nuestra mayor virtud es la terquedad de ir por la vía difícil. La que no parece soluble, ni tampoco prometedora.
Entonces somos virtuosos, por querer y poder hacer cosas que están por encima de lo esperado. El deseo nos lleva a alcanzar logros que se sostienen más allá del tiempo y la distancia.
Por lo tanto, profeso admiración y respeto por todos aquellos (amigos y familiares) que han luchado por abrirse espacio en su propio espacio y hacer de su tiempo el mejor refugio para sus más nobles deseos.
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