Mi idea de la vida

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martes, 31 de enero de 2012

Los amores de mi vida

A mí las histéricas a mi alrededor (mis mejores amigas)  me critican  porque yo quiero a casi todo el mundo. De vez en cuando aprovechan ciertas oportunidades que les doy, para lanzarme un puño bajo y refregarme en la cara que al querer a todos, no pongo filtro y para ellas el filtro parece ser la quintaesencia de la vida.

A mí, en realidad, después de pensarlo y sufrirlo bastante, ya no me importa.
Los amores de mi vida son muchos. Son familia y son amigos. Algunos se han ganado ese amor a fuerza de paciencia, tiempo de permanencia, solidaridad y apoyo incondicional conmigo. Otros se la han ganado más fácil, pero no con menos valor, en mucho menos tiempo pero mayor complicidad en algunos tratos importantes que hemos tenido. 
Esos amores de mi vida no son sólo hombres; también hay grandes mujeres. Mujeres hermosas, mujeres de ojos juguetones, mujeres de ojos tristes, mujeres de ojos traicioneros. 
Los hombres no han sido menos interesantes; unos genios para perder el tiempo y preocuparse por todo aquello que es a la vez lo más noble pero lo más inútil. Y los he amado con intensidad a todos.

Con todos ellos conocí sentimientos que nunca me hubiera imaginado (horribles y deliciosos). Han logrado despertar en mí la bondad más pura y la maldad más intensa. La intención firme de matar ha surgido gracias a ellos y no precisamente en sentido figurado. A ellos he entregado toda la fuerza con la que puedo llegar a amar. Les he dedicado mis horas más tristes y las más alegres. Todas, mis mejores horas.

Pretendo pensar que en el tiempo en que hemos estado juntos hemos aprendido mucho los unos de los otros. Desde mi papá, mi mamá, mi hermano, mi hermana, mis amigos hasta mis parejas, todos nos hemos venido moldeando en la vida a punta de golpes, besos y caricias. Una masa arcillosa maleable hecha de amor y experiencia a lo largo de los años. Creaciones mutuas que hemos aprendido a contemplar hasta con orgullo, para vernos a nosotros mismos reflejados.

Mis amores. A ellos les he llorado como nunca y los he querido como siempre: como no se debe.

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