Domingo, 5 de agosto de 2012. Santiago de Chile. (5 meses y 4 días en Santiago).
Esta semana empecé las clases. Pintan bien. Hay muchas actividades por hacer y por lo menos bastante o suficientes ganas de hacerlas. La vida acá no da espera: ya no hay novedades, ya no hay sorpresas. Ya nada es nuevo. Todo es la rutina de los días que pasan, pero así, cotidianos y bonitos los voy pasando.
He tratado de hacer cosas, de moverme más, de salir a caminar más. Hice las vueltas de la visa y un día entero estuve en esas. Al siguiente hice el trámite de la policía de extranjería y mañana haré el de la cédula chilena.
El viernes que estuve toda la mañana en lo de la policía, me di cuenta de que somos demasiados extranjeros en esta ciudad. Me atendió un detective de la Policía de Investigaciones de Chile, cuya tarea era validar que no soy una criminal y que me puedo quedar en Chile tranquila porque no voy a dañar a nadie (o por lo menos no intencionalmente). Luego de una serie de preguntas muy policíacas como qué hago acá, por qué llegué, cómo llegué, dónde vivo, con quién vivo, qué hacen las personas con las que vivo y de dónde saco el dinero para vivir (mucha vida en ese tema), finalmente me le quedé mirando al detective y le pedí permiso para hacerle una pregunta. "Diga no más". Le pregunté por el significado de la imagen del escudo de la Policía. Sorpresa fue su reacción. Creo que nunca, o por lo menos muy pocas veces, alguien le había hecho esa pregunta. Me respondió a medias, porque muchos de los detalles no los sabía, así que consultó con el detective del lado. Entre los dos, luego de algunos segundos de toses y manos que se pasean nerviosas por la barbilla, lograron contarme que el escudo tiene esos dos animales: un cóndor y un huemul (como un venado pequeño) porque representan las fuerza física y la de los argumentos. Por eso la leyenda bajo el escudo que dice: "por la razón o la fuerza". A mí esa leyenda lo que me dio fue miedo, porque me indica que ahí el lema es que la que no se gana, se empata y me acordé de la dictadura de Pinochet. Y ando con un no sé qué en no se dónde, frente a las cosas que los otros no quieren negociar sino siempre ganar, que me da una pereza infinita. Ya no más de lo mismo.
Al salir de la policía con mi certificado de que soy inofensiva, terminé almorzando en el mercado central. Es como el mercado "minorista" de Medellín, pero con mucha más clase. Un mercado con mucho de europeo, pero mercado al fin y al cabo.
Me metí a un restaurante minúsculo a almorzar. Fue toda una experiencia. Un restaurante que emulaba por la decoración y la suciedad cuidadosamente higienizada para cumplir con los mínimos estándares de funcionamiento, a un restaurante de puerto. Pedí una paila marina (una cazuela de mariscos) y de tomar, pedí lo que estaban tomando una pareja de viejitos que estaban en la mesa de al lado a no más de 50 cms de mí (es un sitio verdaderamente pequeño), o sea que terminé tomando lo que yo en un primer momento pensé que era limonada, pero resultó siendo una mezcla rara de vino blanco con algo más que no supe ni quiero saber qué era. El dueño era un señor gordo, verdaderamente gordo, de boina y con la mirada fija en la nada. Los meseros bullían de actividad y cada tanto le consultaban algo o le daban una seña para indicar que un cliente iba a pagar. Este hombre se limitaba a respirar y mover su cabeza no más de 2 cms para asentir o negar con sus movimientos. Tenía la mirada y la barriga de alguien que le fue colgando al cuerpo con los años, la desidia de reconocer que la vida no tiene nada de novedoso. Creo que hacía mucho tiempo no veía a nadie con una actitud tan resignadamente negativa como la de ese señor.
Acá en la casa, todo bien. Nada por fuera de lo común. Ah mentiras que si! ayer se dañó el calentador de agua y hoy tuvimos que bañarnos con agua helada. La experiencia de hoy con el agua helada me dio la certeza de que mañana me iré sin bañar a la U. Se me congelaron las extremidades y la cabeza, tanto que me dolió todo el resto de la tarde y se me puso la piel morada.
Acabo de llamar a mi hermano a Brasilia, a desearle un feliz cumpleaños.
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