Mi idea de la vida

Mi idea de la vida

lunes, 6 de septiembre de 2010

Por una camiseta

Yo soy de la generación que para sostenerse decentemente, necesita tener dos o tres trabajos. Así que tengo varios trabajos, para poder llevar el tren de vida que me gusta. En uno de ellos, soy nueva. Trabajo en una Institución de Educación Superior, haciendo orientación psicopedagógica y mi área de trabajo contempla personal de muchas profesiones diferentes.

Aunque estoy rodeada de psicólogos, en estas últimas semanas me he tenido que relacionar de forma directa o indirecta con matemáticos, físicos, estadísticos, médicos, enfermeras, trabajadores sociales y hasta artistas plásticos.

Por ser la nueva y por ese sentido absurdo que tengo del “deber ser” me planillaron para la primera integración del área a la que pertenezco, y prometí asistir. La integración – que estuvo como medio “jarta”- contemplaba sacar un símbolo que representara a cada dependencia del área. Nosotros, los de mi dependencia, sacamos una camiseta que mi no me pareció nada del otro mundo; de hecho no le paré muchas bolas a las implicaciones del mensaje que traía. “Del Punto Grafenber al Punto de Encuentro” y una flecha que señalaba hacia las partes “pudorosas” de la anatomía humana. Me pareció hasta charrito el mensaje. Un doble sentido que como a cualquier ser humano que tenga malicia y no tenga retardo mental, le parece divertido.

En nosotras las mujeres la camiseta tenía mucho más sentido, por aquello de la alusión al punto “g” y porque la flechita roja señalaba el camino directo a un punto que mucho quieren llegar a tocar con mano u otro apéndice, y así verificar con curiosidad malsana si es verdad que cuando a las mujeres nos tocan el punto “g”, tenemos un estallido que hace parecer “mera pifia” a la pobre Afrodita. Casualmente, casi ninguno de los hombres de mi dependencia directa fue a la integración. Uno, llegó cuando todo se estaba acabando. El otro, estuvo desde el principio, pero se metió la camiseta por dentro y tapó la llamativa flechita.

El asunto es que hasta hoy no caí en la cuenta realmente de por qué mis compañeras de trabajo se habían sentido tan incómodas con el mensaje de la camisetica. Y es que la alusión sexual, fue algo más que una alusión.
Una me contó hoy que un man en la integración se le había acercado y con la voz más cochina que pudo le dijo : “Dónde es que hay que tocar para entrar a punto de encuentro??”. No quiso revelarme la identidad del susodicho, y tampoco me importa.
A mí, ese día el mancito de mi dependencia que se escondió la flechita, metiéndose la camiseta por dentro, me hizo un par de comentarios que me parecieron en su momento muy charros, por lo creativos –y valga decir que yo soy magíster con énfasis en cognición y creatividad, por lo que lo creativo me parece maravilloso - , pero hoy que lo pienso de otro modo, por la tocadera y los chistes me empieza a parecer que se dio licencia para otra vaina.

Así mismo, y es la razón por la que escribo esta entrada, hoy sistemáticamente desfilaron por mi escritorio mientras estaba en la oficina, dos profesores del área. Uno había estado en la integración. El otro no.
Entraron a la oficina y yo pensé que estaban buscando algún material o a mi jefe. Pero no. Me buscaban a mí. Que “para saludarme” me dijeron. En la vida los había visto, y no sé ni siquiera cómo se llaman. Me abrazaron, me preguntaron maricadas de mi vida personal y se fueron con sonrisas y mensajes de “otro día vengo pa’ que tomemos tintico”.

Tintico???????? Ole! Qué se creen?...tintico, tu madre! Viejitos verdes!

Ahí estuvo! Uno no puede avisar una puerta, porque ya todos creen que tienen llave de entrada.

7 comentarios:

Juan Vásquez dijo...

Ah es que dieron papaya, como dice juanes, "quién se murió pa` enterráselo mamita"

Juan Vásquez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Susana dijo...

El tema sexual en la oficina se puede poner pesado.

Yo tenía un jefe que a veces me decía "cómo se le ve la nalga de bonita en ese pantalón". Me provocaba cachetiarlo.

Olguet dijo...

Yo no creo que este evento haya sido de dar "papaya". Más bien es que eso de andar mirando dónde se puede "enterrar" es una cuestión normal en los hombres. Nada que hacer. Es un asunto evolutivo. Que ya cada quien vea a ver cómo sus intereses le refrenan un poquito el impulso es harina de otro costal.
Lo que sí se, y estoy de acuerdo con Lalu es que no es cuestión de andarle diciendo descaradamente a la otra, y menos en el trabajo: "ve, las tetas se te ven lo más de buenas hoy, me dejas tocarlas un ratico"???? sutileza, digo yo!, o si no, pa' que diablos desarrollamos el fino arte de la coquetería????

Juan Vásquez dijo...

sí, de acuerdo con ambas, me solidarizo con ustedes y creo que ni siquiera tienen que decirles algo, hay manes que miran a las mujeres como ese barbuchis de betty la fea y con eso tienen para ser ofensivos

Olguet dijo...

Hoy uno de los profes me trajo un brownie de chocolate en forma de corazón a la oficina. Me dijo que "para endulzarme el día". Decidí que no me voy a enredar con eso. Y se lo acepté con gusto (porque tengo hambre y porque me gusta el chocolate), pero sin mirada coqueta ni gesto alguno que le indique alguna otra cosa. Lo más neutral posible. Yo ya no me enredo con maricadas. Que se enreden los otros si quieren. Estaba muy rico, pa' que!

Juan Vásquez dijo...

Es que así es que es, nada de chuparse los dedos untados de chocolate y tampoco decir: "yo prefiero el bom bom bum, es más entretenido"; me hiciste acordar de una compañera de viajes que me decía: "Si algo ahora me tocas...(silencio prolongado con sonrisa extraña tirando a mueca horrible) pues... la puerta", yo la miraba con cara de haber comido un exceso de wassabi y respondía: claro! que más iba a tocar.